El origen de nuestra arquitectura digital.
Todo empezó con una observación recurrente en las salas de velatorio. Cada año, millones de familias se despiden firmando un libro de papel que, inevitablemente, acaba guardado en un cajón. Quienes no podían asistir físicamente al servicio no tenían cómo dejar su mensaje, y las palabras de consuelo más valiosas se perdían.
Entendimos que el sector funerario no necesitaba integrar redes sociales ni crear páginas conmemorativas estáticas, sino un canal digno y estrictamente privado. Así nació la visión de las cápsulas de vídeo digitales: un formato ágil diseñado para capturar la voz y el recuerdo, entregando a las familias un archivo que realmente atesorarán.